Los muros de Can Secanell fueron antaño parte de las murallas de Sant Guim, un pequeño pueblo de La Segarra que aspira a ser declarado Conjunto Histórico-Artístico y se asienta en un paisaje de campos de cereal.
El grosor de las paredes de la casa llega a alcanzar un metro y medio y es la mejor prueba de la antigüedad del edificio, datado en 1750 y sometido a una restauración escrupulosa. Fuera, un pequeño jardín alivia los rigores del verano.
El interior se reparte en tres plantas, incluida la buhardilla, comunicadas por una tosca escalera de piedra.
La planta baja está ocupada por la zona de estar, con rincones de lectura, y el comedor, donde se sirven desayunos y cenas, cubierto por una singular estructura de arquerías y bóvedas de cañón. En la planta superior, una gran sala hace de distribuidor de las tres habitaciones, decoradas con sencillez, que comparten dos baños. En la parte alta de la casa, una terraza admite la posibilidad de disfrutar del paisaje y, por la noche, contemplar un firmamento cuajado de estrellas.
La familiaridad y el trato acogedor de los propietarios convierten esta casa en uno de esos segundos hogares tan apreciados por el viajero. Las posibilidades del entorno incluyen una interesante ruta por los castillos de los alrededores, la visita de la ciudad romana de Laesso o la experiencia única del pessebre vivent de Sant Guim, que se celebra todas las Navidades y representa viejos oficios desaparecidos.
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