La tradición hostelera de Casa Leonardo se remonta a la década de 1920, cuando daba alojamiento a los numerosos arrieros y vendedores ambulantes que transitaban entre la Conca del Tremp y la montaña pallaresa.
La actividad se mantuvo durante más de cincuenta años y, además, la casa desempeñó el papel de tienda de ultramarinos y lugar de encuentro de los vecinos de Senterada, que organizaban tertulias o jugaban a las cartas en su taberna. Esa historia impregna todavía las paredes del edificio, reconvertido al turismo rural y emplazado en un lugar privilegiado del casco urbano.
Una bonita escalera comunica las diferentes plantas del caserón donde se reparten las habitaciones. El espacioso comedor de altos techos, el bar en torno a la chimenea y las siete habitaciones dobles, todas con baño, son un buen ejemplo del tipo de mobiliario de madera que equipaba las casas de antaño: sillas de respaldo curvo, camas robustas y mesas de mármol.
La vocación de museo de la casa es muy visible también en la botica, que es un verdadero muestrario del tipo de artículos y los diseños de antaño. Es imprescindible detenerse en la vitrina, que exhibe una colección de objetos de uso cotidiano: planchas, jarras, bolillos, etc., que hacen las delicias de los coleccionistas y los aficionados a los utensilios antiguos.
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