El Far de Sant Sebastià preside un acantilado de 170 metros de altura en un accidentado rincón de la Costa Brava. Este hotel tan espectacular es el resultado de la remodelación de un antiguo hostal. Sus propietarios, la familia Figueras, también lo son del lujoso Mas de Torrent, uno de los establecimientos con más solera del Empordà.
El Far toma su nombre del vecino faro de Llafranc y de la ermita de Sant Sebastià, del siglo XVIII. Nada más llegar al hotel, el viajero ya se da cuenta de que el mar es aquí el verdadero protagonista. La terraza-mirador, muy amplia y llena de flores, ofrece las mismas vistas que ya divisaban los ermitaños, que vigilaban las incursiones de la piratería en el litoral catalán.
El interior del hotel nos sumerge en un presente encantador. Un patio con dos grandes arcadas de piedra revela la antigüedad del edificio, y una generosa sala con el techo abovedado hace de distribuidor y nos dirige a las luminosas habitaciones. Cada una posee una decoración particular, un baño revestido de cerámica artesanal, un mobiliario sobrio y moderno, y goza de unas plácidas vistas al mar.
El resto de las instalaciones, como la sala para convenciones y el comedor, se dejan contagiar por el paisaje marinero, con predominio del color azul y la imagen recurrente del faro en las lámparas, los cortinajes, las telas y los objetos decorativos.
El restaurante no escapa tampoco a esta poderosa influencia, con una carta en la que destacan las especialidades marineras y ampurdanesas.
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