El buen trato a los viajeros es una tradición en esta antigua casa de postas de 1913, regentada desde siempre por la misma familia. La situación del pueblo, en un cruce de caminos entre Tarragona, Reus y Valls, la convirtió en un importante lugar de paso y hoy sigue siendo un punto privilegiado para visitar Tarragona capital y la Costa Dorada.
El edificio recuerda una antigua masía, con las características golfes. La casa está integrada en el casco urbano, al que se asoma a través de una terraza.
Las estancias son muy cómodas y han sido decoradas con gran sencillez. Entre ellas destacan la sala de estar y el restaurante.
Las habitaciones, doce en total, rinden homenaje a su primitivo cometido, cuando la casa era la vivienda de los propietarios, con nombres como Las avellanas, El costurero o El dueño. Todas están bien equipadas con baño e hidromasaje. Algunas tienen balcón y otras una pequeña terraza particular.
El buen trato es una de las señas de identidad de la casa desde sus orígenes, al igual que su cocina, servida en un acogedor comedor presidido por una gran chimenea. Los platos se basan en los productos de la zona y en las recetas tradicionales, pero con un toque de imaginación. Destacan los panes de aceitunas negras y la carne de olla con caldo de escudella.
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