La cocina tradicional prima en este hotel familiar totalmente reformado, con aires de modernidad, situado en un pueblo del Alt Empordà, al norte de Figueres, casi en la frontera francesa y en el paraje natural del macizo de Les Salines.
El edificio, que abrió sus puertas como hotel en la década de 1970, ha sido reformado hace poco. Cuenta con jardín y una zona de terraza junto al bar, alrededor de la planta baja. En el ático hay una terraza con espléndidas vistas de las montañas pirenaicas.
En su rehabilitación se ha incluido ascensor y la adaptación de los accesos a personas con dificultades de movilidad, lo que repercute en la extraordinaria comodidad de las instalaciones. Éstas incluyen quince habitaciones dobles con baño, sencillas y acogedoras, y un salón común para los huéspedes.
Su distintivo principal está en los tres comedores donde se sirven unos excelentes desayunos y una apetitosa cocina con platos de la zona como escudella, trinxat, setas, canelones, magret de pato o civet de jabalí.
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