Una torre defensiva del siglo XII ha ido evolucionando hasta convertirse en este acogedor hotel, que es toda una muestra de los cambios de la arquitectura a lo largo de los siglos.
La construcción actual, consolidada en los siglos XVII y XVIII, esconde una larga historia que a veces se mezcla con la leyenda y que incluye, por ejemplo, el paso de Napoleón por su patio de armas renacentista. Un singular legado histórico en un pequeño pueblo del Alt Empordà, bien comunicado por su proximidad a la autopista AP-7 y a medio camino entre Girona capital y la ciudad de Figueres.
El hotel está rodeado por un cuidado jardín con césped, piscina y arbolado. En su interior destaca el amplio salón de juegos con mesa de billar, decorado con pinturas contemporáneas, la sala de reuniones y el apacible salón de estar, bajo una bóveda de crucería.
La zona de dormitorios incluye diez habitaciones de dimensiones generosas, todas con chimenea, escritorio, piezas antiguas y una prolija decoración de cuadros, esculturas y serigrafías con la firma de sus autores.
El restaurante no anda a la zaga y ofrece una cocina que fue apreciada por el mismísimo Carvalho, el detective de ficción creado por Manuel Vázquez Montalbán. Los platos, dentro de su sencillez, proponen un viaje a través de los sentidos jugando con los contrastes y una materia prima de gran calidad.
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