El parador de Tortosa ocupa un castillo árabe del siglo X construido alrededor de una zuda, el pozo de agua que abasteció históricamente esta ciudad por la que han pasado todas las culturas. La fortaleza está situada en la misma ciudad, sobre un montículo que domina su casco antiguo y los alrededores, a orillas del Ebro y con el magnífico telón de fondo de Els Ports de Beseit.
La construcción, de grandes dimensiones, descansa sobre una fortificación romana. Ha experimentado varias reformas a lo largo de los siglos, de donde proceden, por ejemplo, los espléndidos ventanales góticos.
El parador está rodeado de un amplio jardín de césped con una piscina. Desde aquí se disfruta de hermosas vistas del río.
Su interior conserva grandes vigas de madera y un mobiliario entre clásico y señorial, pensado para no desentonar con la atmósfera medieval de sus muros. Cuenta con varias salas de reuniones equipadas para todo tipo de eventos y conferencias, salones de banquetes, salas de estar con distintos ambientes, bar y cafetería.
Dispone de 64 habitaciones de distintos tipos, todas con baño, algunas con su propia sala, camas con dosel o terraza privada.
El restaurante ofrece una cocina de calidad, centrada en los platos más sabrosos de la comarca, como el suquet de peix, las parrilladas, los guisos de anguila y, naturalmente, los arroces del delta. Su postre más afamado son las garrofetes, una creación de las monjas para contentar el delicado estómago del papa Luna.
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