Entre montañas de más de tres mil metros de altitud, el parador de Vielha aparece como un moderno refugio pirenaico y una invitación a pasar unos días a las puertas del valle de Arán.
El acceso a este valle, que permaneció aislado durante siglos, bordea precisamente el edificio del parador, que evoca las construcciones aranesas con sus inclinados tejados de pizarra negra.
Un cuidado jardín ofrece panorámicas espectaculares en torno al edificio, que cuenta con spa y una piscina para los días calurosos.
El interior se distribuye en amplios espacios comunes, como la gran sala de estar con chimenea y varios ambientes, el bar-cafetería, la sala de reuniones, una piscina interior, salas de masajes e hidromasajes, baño turco y una curiosa tienda.
Para dormir plácidamente dispone de diecinueve habitaciones individuales y 133 dobles, decoradas con una elegante sencillez. Algunas disponen de una sala particular y terraza con vistas al valle.
Uno de sus espacios más emblemáticos es el restaurante, en un edificio circular acristalado donde se sirven los platos más característicos de la cocina aranesa y pirenaica. La carta incluye sabores tan tradicionales y contundentes como el civet de jabalí o la deliciosa olla aranesa.
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