Clásicas construcciones fortificadas de la transición medieval-renacentista constituyen, junto a extensas playas y una geografía con el encanto magrebí, el marco en el que se inserta este Parador. La privilegiada visión de la ciudad desde la parte alta del parque Lobera, ameniza sus líneas rectangulares que aprovechan la beneficencia del cálido sol norteafricano por medio de blancas paredes andaluzas.
Confort y comodidad caracterizan las estancias interiores y el mobiliario del Parador, que mantiene en las habitaciones con terraza una visión privilegiada de la ciudad y el mar. Jardín privado y piscina dan serenidad y se unen a la placidez del parque que circunda el edificio. Sabrosos pescados y mariscos abundan en la carta de su restaurante.
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