Junto a la mismísima plaza de Catalunya se alza este peculiar hotel, dominado por el blanco y el negro. Ocupa un edificio histórico y su interior ha sido rehabilitado para aprovechar al máximo la luz.
El establecimiento ofrece la ventaja de estar cerca de algunos de los grandes centros de interés turístico: el Barrio Gótico, las Ramblas, la Barcelona modernista y las tiendas de lujo.
Con la clara vocación de ofrecer algo diferente, la decoración del hotel se ha cuidado con todo detalle y, para empezar, recibe al huésped con un altar barroco en el mostrador de recepción y una sucesión de zonas de estar con sillones de piel blanca y adornos procedentes de medio mundo.
A las elegantes salas de reuniones hay que añadir una terraza en el último piso, con solárium y buenas vistas, y un animado bar.
La zona de dormitorios incluye 91 habitaciones, elegantes, cómodas y acogedoras, con una decoración de estilo vanguardista y baños de mármol negro. Algunas cuentan con su propio balcón. Varias han sido adaptadas para discapacitados.
El hotel dispone de un restaurante con una cocina en la que se mezcla lo mediterráneo con cierto toque oriental y una buena carta de vinos, cavas y champagne.
Por la noche se convierte en lugar de cita obligada del mundo cultural barcelonés y en uno de los establecimientos más populares por sus “excelentes” mojitos.
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