Una pequeña y escondida cala del término de Begur, entre el verde de la montaña y el azul del mar, alberga esta sencilla construcción rigurosamente encalada.
El edificio data de los años sesenta, cuando se produjo el auge turístico de la Costa Brava, y se ha remodelado recientemente para responder a las nuevas exigencias de los viajeros.
Su situación en las cercanías del cabo de Begur y en uno de los rincones más atractivos del litoral no ha restado calma a este hotel que se asoma a la arena, casi rozando el agua, en una agradable terraza.
La decoración, funcional y sencilla, se prodiga en los espacios comunes: una sala de estar y el restaurante, donde se sirve una cuidada carta de especialidades de la zona, incluyendo los sabrosos pescados de roca y otras delicias, como la fideuá, el rape con alioli, las gambas de Palamós y los sorbetes de melón, cava o limón, muy apropiados para favorecer la digestión. La bodega es excelente, con un predominio de los caldos con denominaciones de origen catalanas.
Cuenta con cinco habitaciones dobles, todas con baño y algunas con una pequeña terraza con vistas al Mediterráneo.
Si el tiempo acompaña, una comida al borde del mar es uno de los placeres que ofrece este hotel, de trato distendido y familiar.
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