La localidad termal de La Garriga, entre Barcelona capital y el Parc Natural del Montseny, incluye entre sus establecimientos este edificio de 1874, totalmente restaurado y convertido en un alojamiento que combina su función hotelera con las prestaciones de un balneario.
Las aguas de este manantial, que brotan a sesenta grados, fueron declaradas de utilidad pública en el siglo XIX. Constituyen una parte sustancial de la oferta de este hotel, precedido de un bonito jardín y con dos piscinas termales, una exterior y otra interior.
Las instalaciones mantienen el espíritu del balneario, con una buena dotación especializada en la salud, incluido el gimnasio y todo tipo de terapias. Dispone, además, de un bar, un restaurante donde se elaboran dietas personalizadas y un total de 22 habitaciones dobles, bien equipadas y con una decoración cuidada.
Los servicios del balneario se traducen en un variadísimo menú, muy orientado a las dolencias articulares, el estrés, las alteraciones metabólicas y el cuidado de la piel. Para ello cuenta con un circuito termal, que incluye frigidarium y caldarium, así como tratamientos con fango, masajes y duchas a presión, organizados en programas que oscilan entre un fin de semana o una semana de duración.
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