Los tratamientos de belleza y una sesión de masajes son perfectamente compatibles con el disfrute de unas extraordinarias vistas de la bahía de Roses, como demuestra el hotel Terraza, asentado en el pueblo marinero de Roses, en el Alt Empordà.
El edificio es una típica construcción de la costa, perfectamente encalada y con una sencilla estructura, que abrió sus puertas en 1935. Pese a su aparente simplicidad, sus instalaciones esconden rincones como los cuidados jardines, el solárium con tumbonas, una piscina con vistas al mar y otra cubierta con jacuzzi y terrazas para descansar con la mirada puesta en el horizonte.
El interior es luminoso y tiene varias zonas de uso común, como el salón, amplio y con distintos ambientes, un bar-cafetería y un restaurante tradicional, donde se miman los productos frescos del mar.
Una decoración funcional y agradable con el añadido de algunas piezas antiguas caracteriza a las veinte habitaciones dobles de distintos tipos, casi todas con balcón y vistas al mar, algunas especiales con su propia sala y una de ellas adaptada para discapacitados.
Desde el hotel se puede acceder a los acantilados rocosos del cabo de Creus, a la localidad de Figueres y a muchos otros rincones que alimentaron la fantasía de Salvador Dalí.
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