Uno de los buques insignia de la red hotelera barcelonesa es este espectacular hotel situado en un escenario único, el Puerto Olímpico, y con vistas ilimitadas a la ciudad, al mismo puerto y a la playa de la Barceloneta.
El edificio, propiedad de la cadena Ritz Carlton, fue levantado precisamente con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992 y es una imponente torre de vidrio de distintas tonalidades. Su diseño se debe a Bruce Graham, quien la dotó de una estructura exterior de hierro blanco y convirtió el inmueble en uno de los símbolos de la nueva arquitectura barcelonesa.
La escultura El peix d'or, obra de Frank Gehry, cambia de tonalidad con las variaciones del sol y precede el acceso al hotel, que se reparte en 43 pisos donde nada responde al azar.
El minucioso cuidado en la decoración, un sutil sentido del confort y las extraordinarias vistas convierten este hotel en una completa experiencia sensorial. A ello contribuyen espacios como el jardín de hierbas aromáticas, las diferentes estancias comunes, salas, bares, salones de reuniones, piscinas y restaurantes.
Los dormitorios mantienen el mimo extremado por los detalles que caracteriza al conjunto, y se reparten entre las más de trescientas habitaciones dobles y casi un centenar de habitaciones especiales. También dispone de varios apartamentos de lujo, de tipo dúplex, con cocina y entre uno y tres dormitorios, que ocupan las nueve plantas superiores coronando el edificio.
Entre las peculiaridades gastronómicas destaca la llamada "mesa del chef", impulsada por un cocinero de prestigio, Sergi Arola, que ofrece la oportunidad de conocer in situ la elaboración de sus platos.
Al alojamiento, ya de por sí placentero, se pueden añadir otras experiencias como la "escapada romántica", acompañada de cava y fresas bañadas en chocolate, o las distintas propuestas de cursos y talleres: decoración, cata de vinos, arte floral, etc. que se imparten en el hotel.
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