Un jardín en terraza, adornado con estatuas clásicas y parterres, se extiende frente a la fachada de esta masía, aislada junto a la carretera de Palautordera y en pleno Parc Natural del Montseny. El jardín, que rodea el edificio haciendo de mirador sobre el entorno arbolado, esconde también una piscina bastante grande y algunos rincones con mesas y bancos bajo los árboles.
La masía se remonta al año 1620 y, pese a las reformas, mantiene su solera, visible en la estructura del edificio principal, con un tejado a dos aguas y una gran fachada pintada de blanco, adornada con plantas y con dinteles de piedra en puertas y ventanas. La piedra vuelve a presidir algunas estancias, como el bar y los comedores, caldeados por una buena chimenea.
Can Barrina cuenta con un salón, una amplia sala de reuniones abuhardillada, un comedor para banquetes y una luminosa sala de lectura que se asoma al jardín por unos grandes ventanales. La zona de dormitorios incluye catorce habitaciones dobles con baño y bonitos muebles de mimbre y madera.
El restaurante es uno de los principales atractivos de este hotel, con una cocina de mercado que incluye especialidades a la brasa, cocas y platos como los raviolis de setas, el lomo de ciervo con frambuesas del Montseny y una buena selección de postres caseros.
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