El alojamiento rural Casa Migdia ocupa una casa rectoral del siglo XVIII, emplazada en un pequeño pueblo a quince kilómetros de Girona capital.
El edificio, íntegramente de piedra, ha mantenido parte de su ornamentación original, a la que se ha incorporado una parra virgen que, en primavera, añade color a la fachada.
Un recoleto jardín, accesible desde el bar, reúne un breve espacio de césped, plantas aromáticas y un olivo centenario de tronco retorcido, además de una terraza en la que se sirven los desayunos y las cenas cuando el clima lo permite. Una pequeña alberca climatizada ofrece la oportunidad de un chapuzón en invierno o en verano.
Los espacios interiores respiran familiar calidez gracias a una decoración sencilla que incluye piezas de mobiliario antiguo y objetos tradicionales. Éstos están repartidos por las distintas estancias: una sala de estar, una sala de juegos con futbolín y mesa de billar, un acogedor restaurante en la sala abovedada, y una curiosa chimenea morisca.
Algunos detalles variopintos, como los suelos de mosaico de la recepción —procedentes de Marruecos—, o las piezas del norte de África, añaden un guiño étnico a la decoración.
El alojamiento se reparte entre cuatro habitaciones dobles y una triple, todas con baño, conexión wifi y televisión. La planta superior está ocupada por un apartamento con terraza propia, que ofrece agradables vistas del entorno.
En el restaurante se sirven desayunos contundentes y variados, y cenas a base de productos frescos y recetas de la cocina mediterránea, regadas con vinos franceses, españoles y argentinos.
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