Un ayudante de Colón que descubrió la isla Margarita, junto a la costa venezolana, fue uno de los dueños de este castillo con ocho siglos de antigüedad, reconvertido en un magnífico hotel.
El edificio, que antaño estaba en ruinas, se alza en el pueblo de La Bisbal, de tradición alfarera, situado a medio camino entre Girona capital y las playas de Palafrugell, en la comarca del Baix Empordà.
La rehabilitación, que duró tres años, ha recuperado la majestuosidad de la fortaleza y ha dado paso a un lujoso hotel que conserva restos románicos, góticos y una torre barroca del XVI. Está rodeado de una gran finca con olivares y su propio bosque de encinas, algunas centenarias. Una zona ajardinada ocupa los alrededores del castillo, el antiguo estanque hoy es una agradable piscina y también hay una tranquila terraza que da acceso al bar.
Algunos reputados interioristas han participado en la decoración del alojamiento, que ha recibido varios premios y mezcla con elegancia muebles y telas llegados de distintas partes del mundo, incluidas sedas de la India. Entre las joyas de la casa destaca la sala dedicada especialmente a la batalla de Waterloo, con una maqueta de dos mil soldados y quinientos caballos reunidos por el actual propietario.
Dispone de salas de estar, una sala de reuniones y un acogedor bar en la antigua bodega abovedada. Tiene 35 habitaciones, todas con baño y con excelentes vistas.
En el restaurante, la carta se elabora con productos de la propia huerta, especialidades marineras y delicados postres.
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