El hotel Cram se encuentra situado en un chaflán de una céntrica y tranquila calle de la zona del Eixample, cercana a las plazas de la Universitat y de Catalunya, por lo que es un buen referente para visitar lugares emblemáticos de la Ciudad Condal.
El exterior del edificio es un buen ejemplo de la arquitectura que marcó la fisonomía de la ciudad en el siglo XIX, y su restauración ha intentado mantener la armonía con los edificios del entorno.
En el interior, sin embargo, prevalecen las tendencias más modernas. Su decoración, arriesgada y moderna, no ha rehuido la polémica. Formas y colores llamativos predominan en las zonas comunes, entre las que destacan algunas salas destinadas a ofrecer ratos de descanso.
Para darse un chapuzón, el establecimiento cuenta con una piscina encumbrada en la azotea, donde, además, es posible disfrutar del desayuno o de una buena cena.
Tampoco falta un pub donde el huésped podrá tomar una copa antes de retirarse a la zona de los dormitorios. Éstos incluyen 67 habitaciones con una decoración más sosegada y algunos extras: balcón, acceso a Internet y baños equipados con ducha a presión. Algunas habitaciones están adaptadas para discapacitados.
El restaurante, galardonado con una estrella en la Guía Michelin, ofrece la experiencia de la tradición familiar heredada de los abuelos, que ya regentaban un mesón a finales del siglo XIX. Su atmósfera de diseño no está reñida con una cocina contundente, con especialidades como el rodaballo, los canelones o el tournedó de buey, regadas con una excelente bodega.
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