La antigua herrería de Terrades ha olvidado sus viejos usos para dar paso a este pequeño hotel de sólo cuatro habitaciones. El pueblo, con apenas 150 habitantes, se encuentra en las cercanías de Figueres en dirección a la frontera francesa, en una de las zonas más apacibles del Alt Empordà.
El edificio, emplazado en el casco antiguo de la localidad, está muy bien conservado y mantiene en pie sus gruesos muros de piedra y varias chimeneas para hacer frente a los rigores del invierno. Por un lado tiene vistas a la plaza y, por el otro, al pequeño jardín donde hay una piscina con vistas a la montaña.
Cuenta con un interior mimado al detalle, con muebles de anticuario y piezas de hierro que rinden homenaje a su historia. Tiene sala de estar con chimenea y cuatro preciosas habitaciones de tipo suite, amplias y acogedoras y dedicadas a personajes tradicionales de la zona, como el rector o el hereu.
Mención aparte merece el restaurante, con dos comedores, uno de ellos en la vieja cocina. Desde hace 25 años deleita a sus clientes con platos típicos de la gastronomía ampurdanesa y especialidades de nueva cocina que cambian a menudo, todo acompañado de vinos de una selecta bodega.
La buena comida y el trato excelente de sus propietarios han hecho de este lugar un rincón muy apreciado.
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