La historia del Hostal Mallorquines se remonta hasta 1714, cuando era una posada a pie del camino real. Entonces, el hostal era un punto de parada obligatoria para la gente que viajaba a pie o en los carros y tartanas tirados por caballos. El edificio es una construcción rústica que se alzó sobre una antigua masía y que ha ido experimentando continuas reformas y modificaciones a lo largo de los años. La familia Bardalet llegó al Hostal Mallorquines en 1912, y actualmente es la cuarta generación fondista la que está tras el mostrador. Cuidan de catorce habitaciones perfectamente equipadas y ofrecen un trato familiar, amable y personalizado. El hostal también dispone de hasta seis comedores con diversas capacidades y de decoración rústica. La cocina se basa en recetas típicas de la gastronomía catalana, y la carta cambia según la estación del año. Los platos se acompañan con vinos de cosecha propia.
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