Sant Ferriol ocupa una antigua masía restaurada con todo lujo de detalles. En ella se ofrece a la carta un sinfín de propuestas interesantes, desde una amplia selección de tés hasta ocho clases de almohadas distintas, que se adaptan a todos los gustos para llevar al extremo la comodidad del lugar.
Su situación, en un pueblo que sirve de puerta de entrada al Parc Natural de la Garrotxa, a medio camino entre Figueres y Olot, y muy cerca de la villa medieval de Besalú, lo convierten en un alojamiento ideal para pasar unos días lejos del bullicio urbano.
El edificio ha sido rehabilitado con la clara vocación de convertirlo en un lugar único, al que se han añadido anejos para cubrir nuevas necesidades. Está rodeado de un amplio jardín con tupidas zonas de vegetación y arbolado, amplias terrazas con mobiliario de mimbre y maceteros de adorno. También dispone de una piscina exterior para refrescarse en los calurosos días de verano.
Pasado el umbral, la decoración rústica y elegante, con abundancia de telas cálidas, mantiene el tono del exterior y da un aire entrañable a las estancias. Éstas se reparten en un acogedor salón, una sala de reuniones, apartada de los huéspedes, una habitación individual y trece dobles. Todas tienen baño, son amplias y agradables, y en su mayoría disponen de terraza propia y vistas al parque natural.
A las instalaciones se añade un completo spa con circuito termal, piscina terapéutica, sauna y un largo etcétera de complementos que incluye tratamientos de belleza.
El restaurante hace juego con esta filosofía saludable y ofrece una cocina con ingredientes frescos de la comarca, basada en recetas tradicionales, menús dietéticos y preparaciones especiales para senderistas.
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